Vilfredo Pareto · 1916 — La obra que descifró cómo las élites toman, ejercen y pierden el poder, y por qué nunca somos tan racionales como creemos.
¿Por qué las sociedades cambian de gobernantes, ideologías e instituciones y, sin embargo, ciertas dinámicas del poder parecen repetirse? Esa es la gran pregunta que atraviesa el Tratado de sociología general, la obra más ambiciosa de Vilfredo Pareto. Su propósito va mucho más allá de formular una teoría sobre las élites: intenta explicar cómo funciona una sociedad cuando las personas no actúan únicamente mediante razonamientos conscientes y cuando las explicaciones que ofrecen de su conducta no coinciden con las fuerzas que realmente la producen.
Pareto parte de una sospecha incómoda: no somos tan racionales como solemos creer. Buena parte de nuestra conducta está influida por sentimientos, hábitos, intereses e inclinaciones. Después construimos argumentos para presentar esas acciones como coherentes y razonables. Por eso estudiar una doctrina política no consiste solo en preguntar si sus argumentos son correctos, sino también por qué determinados grupos creen en ella y qué función cumple dentro de la sociedad.
Autor: Vilfredo Pareto
Publicación: 1916
Corriente: Sociología clásica y teoría de las élites
Tema central: Las fuerzas no racionales en la vida social, las justificaciones de nuestras acciones y los mecanismos por los que las élites se forman, circulan y conservan el poder.
La primera y más provocadora tesis de Pareto es que la mayoría de nuestras acciones no son verdaderamente lógicas. No porque seamos irracionales en el sentido vulgar, sino porque la relación entre lo que hacemos y las razones que ofrecemos para explicarlo no siempre coincide.
Aquellas en que los medios elegidos son adecuados para el fin perseguido, tanto en la teoría como en la práctica observada.
Las más frecuentes en política: adhesiones, lealtades y decisiones que después reciben una justificación aparentemente racional, pero que nacen de sentimientos e intereses.
La política está llena de comportamientos de este tipo. Pareto insiste en que no debe confundirse una creencia con la causa real de la conducta que la acompaña. Estudiar solo los argumentos políticos equivale a confundir el escaparate con el almacén.
Para explicar la brecha entre acción y justificación, Pareto introduce dos conceptos que se han vuelto clásicos en la sociología del poder.
Son disposiciones y sentimientos relativamente persistentes que orientan la conducta humana. No son las causas últimas del comportamiento, pero sí sus manifestaciones más estables. Representan la parte constante de la acción social: el sustrato emocional y psicológico que permanece más allá de las modas intelectuales.
Son los argumentos, doctrinas y razonamientos mediante los cuales damos forma y justificación a nuestras conductas. Cambian con mucha mayor rapidez que los residuos. Una misma disposición puede justificarse sucesivamente con vocabularios muy distintos: religioso, científico, patriótico, progresista.

Pareto rechaza la idea de que una sociedad pueda entenderse como un conjunto completamente homogéneo. Siempre existen diferencias de capacidad, influencia, riqueza, organización y acceso a determinadas posiciones. Quienes se encuentran en los estratos superiores forman lo que Pareto llama la élite.
Dentro de esa élite distingue además una élite gobernante: quienes participan de manera significativa en el ejercicio efectivo del poder. Esto no significa que sean moralmente mejores ni que merezcan su posición; "élite" describe aquí una posición dentro de la estructura social, no un juicio de valor.
Toda sociedad, sin importar su régimen formal, genera esta distinción entre quienes mandan y quienes obedecen. El problema político no es eliminar las élites —algo que Pareto considera imposible— sino entender cómo se forman y cómo circulan.
Quizás el concepto más influyente del Tratado: las clases dirigentes no son eternas ni inmutables. Están sometidas a un proceso de renovación —y eventual sustitución— que Pareto describe con precisión.
Pareto compara a la élite gobernante con un río: cambia lentamente de composición y, en ciertos momentos, las transformaciones pueden producirse de manera abrupta. Las revoluciones son uno de esos posibles momentos de sustitución acelerada. Cuando la circulación se bloquea —cuando la élite deja de incorporar nuevos talentos y cierra sus filas— se acumulan capacidades en los estratos inferiores y crece la presión hacia una ruptura.
"La historia es un cementerio de aristocracias."
— Vilfredo Pareto, Tratado de sociología general, §806
Las élites que gobiernan por la fuerza, la coacción y el poder directo. Son decisivas e imponen el orden con firmeza, pero tienden a la rigidez: incapaces de adaptarse mediante la astucia o la negociación, acaban por fracasar cuando el entorno exige flexibilidad. Su dominio se sostiene mientras el miedo prevalece sobre la persuasión.
Las élites que gobiernan mediante la astucia, la persuasión, la manipulación y el consenso. Hábiles constructoras de coaliciones y maestras del acuerdo, son sumamente flexibles ante los cambios. Sin embargo, su aversión a la fuerza puede volverse una debilidad: si caen en la corrupción o pierden toda autoridad coercitiva, su poder se erosiona desde dentro.
Pareto concibe la historia como una alternancia entre estos dos tipos: cuando los leones se vuelven demasiado rígidos y no logran adaptarse, los zorros encuentran el momento para reemplazarlos; cuando los zorros se corrompen en exceso o muestran una debilidad que ya no pueden disimular, los leones retornan para restablecer el orden por la fuerza. Este ciclo de alternancia no es accidental —es la expresión más profunda de la circulación de las élites, el mecanismo que Pareto considera el motor oculto de toda transformación histórica.
¿Vale la pena leerlo hoy?
Sí, aunque no porque Pareto tenga siempre razón. Vale la pena precisamente porque obliga a formular preguntas que la política suele preferir evitar: quién gobierna realmente, cómo se reproducen las élites, por qué justificamos racionalmente conductas movidas también por sentimientos e intereses y qué sucede cuando una clase dirigente deja de renovarse. Leer a Pareto es aprender a observar el poder más allá de lo que el poder dice sobre sí mismo.
Si te interesa seguir explorando las grandes ideas que han dado forma a la política y al ejercicio del poder, te invito a visitar la sección “50 clásicos para entender el poder” en Apuntes críticos: notas para entender el poder, donde iremos revisando algunas de las obras más influyentes de la historia del pensamiento político.
Tratado de sociología general