Karl Marx · 1875 · Biblioteca del poder, vol. 27
Autor: Karl Marx
Redacción: 1875
Publicación: 1891, por Friedrich Engels
Corriente: Socialismo marxiano, comunismo y crítica de la economía política
La transición entre capitalismo y comunismo, la distribución de la riqueza, el papel del Estado y los principios políticos del movimiento obrero.
No es un tratado sistemático: son observaciones críticas sobre el programa de unificación de dos grandes organizaciones obreras alemanas de la época.
En 1875, dos grandes organizaciones obreras alemanas —el Partido Obrero Socialdemócrata y la Asociación General de Trabajadores, vinculada a las ideas de Ferdinand Lassalle— se unificaron bajo un programa común adoptado en la ciudad de Gotha. Marx escribió un conjunto de anotaciones críticas sobre ese texto que no se publicarían hasta 1891, cuando Engels las dio a conocer.
Marx no se oponía a la unidad organizativa entre los trabajadores, pero consideraba que ningún acuerdo político justificaba sacrificar la claridad de los principios. A su juicio, habría sido preferible establecer un acuerdo práctico de acción común antes que aprobar un programa cargado de expresiones ambiguas y concesiones teóricas al lassallismo. La pregunta que subyace sigue siendo reconocible hoy: ¿qué ocurre cuando una organización, con tal de alcanzar la unidad, adopta fórmulas que confunden sus propios objetivos?
A lo largo del texto, Marx examina nociones centrales del programa como el "fruto íntegro del trabajo", el "reparto equitativo", el "Estado libre" y las cooperativas financiadas por el gobierno. Su método no es denunciar las buenas intenciones, sino mostrar que esas fórmulas carecen de contenido analítico preciso.
Este recorrido argumentativo convierte la obra en un ejercicio de crítica conceptual: no basta proclamar justicia o igualdad; es necesario explicar qué relaciones de producción, formas de propiedad e instituciones hacen posibles esas promesas.
Marx cuestiona que el trabajo sea la única fuente de toda riqueza. La naturaleza también proporciona condiciones materiales imprescindibles. La cuestión política decisiva surge cuando la tierra y los medios de producción están controlados por una parte de la sociedad, que puede apropiarse del trabajo ajeno.
No es posible discutir seriamente cómo debe repartirse la riqueza sin preguntarse primero quién posee los medios con los que se produce. Modificar el reparto de los bienes sin transformar las relaciones de propiedad puede aliviar ciertas desigualdades, pero no elimina las relaciones de poder que las generan.
En la primera fase comunista, cada productor recibe medios equivalentes al trabajo aportado. Sin embargo, este criterio aplica una misma medida a personas con capacidades, circunstancias familiares y necesidades distintas. Por eso Marx sostiene que ese "derecho igual" sigue siendo, en sus efectos, un derecho desigual.
La primera fase del comunismo surge de la sociedad capitalista y conserva sus marcas económicas, jurídicas, morales e intelectuales. La transformación social no elimina de inmediato las formas de pensamiento heredadas. Solo en una fase superior podría distribuirse según las necesidades.
Marx rechaza el socialismo mediante cooperativas financiadas por el Estado, no en defensa del mercado, sino cuestionando que la liberación de los trabajadores pueda ser otorgada por el gobierno. Las cooperativas tienen valor solo cuando son organizaciones independientes creadas por los propios trabajadores.
Una de las contribuciones más originales y duraderas de la obra es la distinción entre dos momentos en la transición hacia una sociedad sin clases.
La sociedad comunista emerge del capitalismo y conserva sus condiciones económicas y culturales. La distribución se realiza según el trabajo aportado por cada individuo, lo cual implica todavía una lógica de equivalencia que reproduce desigualdades reales entre personas con circunstancias distintas.
Una vez superada la subordinación a la división del trabajo y desarrolladas ampliamente las capacidades humanas y productivas, puede regir el principio: "De cada cual según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades." No es una política inmediata, sino un horizonte de transformación profunda.
¡De cada cual, según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades!
— Karl Marx, Crítica del programa de Gotha (1875)
Esta frase no describe una política inmediata ni el funcionamiento de la primera fase comunista. Marx la reserva para una fase superior de la sociedad, en la que se hayan superado la subordinación a la división del trabajo y la separación rígida entre trabajo intelectual y manual. Solo cuando el desarrollo de los individuos y de las fuerzas productivas lo permita, será posible rebasar el estrecho horizonte del derecho burgués de equivalencia.
Los programas partidistas continúan recurriendo a conceptos como justicia, igualdad, pueblo o libertad sin explicar qué instituciones los harán efectivos, qué relaciones de poder deberán modificarse ni quién asumirá los costos del cambio.
Tratar de manera idéntica a personas situadas en condiciones diferentes puede reproducir desigualdades. La igualdad no consiste en entregar lo mismo a todos, sino en comprender las diferencias reales que condicionan la vida de cada individuo.
La crítica al "Estado libre" sigue planteando una pregunta vigente: ¿el poder público se encuentra subordinado a la sociedad o actúa como una fuerza separada que pretende dirigirla desde arriba? Marx insiste en que el Estado no debe tratarse como una entidad neutral o situada por encima de los conflictos sociales.
Ninguna transformación política puede juzgarse únicamente por sus promesas distributivas. También debe examinarse quién controla la producción, cómo se toman las decisiones colectivas y qué estructuras de propiedad permanecen intactas tras el cambio.
Sí. Es una obra breve, polémica y por momentos áspera en su tono, pero ofrece una lección política fundamental que no ha envejecido: las palabras más generosas pueden ocultar ideas débiles o contradictorias.
Leer la Crítica del programa de Gotha obliga a distinguir entre igualdad y justicia, entre intervención estatal y emancipación, entre la promesa de transformar la distribución y la necesidad de modificar las relaciones de poder que organizan la producción. Es un ejercicio de rigor conceptual que cualquier lector interesado en política puede practicar con provecho, independientemente de su posición ideológica.
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Crítica del programa de Gotha